El proceso detrás de cada obra tiene algo de magia: a veces resulta sencillo, otras veces complejo, y nunca se puede anticipar si el resultado final logrará convencerte.

Cada pieza sigue su propio camino, con su historia y evolución, lo que la convierte en una creación única.

Desde pequeña me fascinaba observar cómo otros dibujaban, cómo un simple boceto podía transformarse poco a poco en una obra visual extraordinaria.